En este número especial dedicado a las aventuras conversacionales, Miguel G. Prada destripa dos de los extaordinarios casos del Dr. Van Halen, el personaje creado por Josep Coletas: Los Cantos de Anubis y Tristes Alas del Destino.

Los Extraordinarios Casos del Dr. Van Halen: LOS CANTOS DE ANUBIS

Portada Los Cantos de Anubis

Título Los Extraordinarios Casos del Dr. Van Halen: Los Cantos de Anubis
Género Aventura Conversacional
Año 2005
Máquina ZX Spectrum 48K
Jugadores 1 Jugador
Compañía J.C.C.
Autores Josep Coletas Caubet




No puedo quitarme de la cabeza el terrible destino de Hellen. Sueño con ella, las pesadillas me acechan desde el mismo momento en que consigo conciliar el sueño.

Hoy no podía ser una excepción. Me he quedado dormido en mi estudio, con la cabeza reposando sobre los libros. Los vuelvo a colocar en su sitio y me encamino al dormitorio para continuar con mis sueños.

Amanece. No sé si habrá sido el cansancio acumulado o alguna extraña razón, pero he conseguido dormir tranquilo. Me encamino a la planta inferior y el tintineo de la campanilla de la puerta rompe el silencio. Abro la puerta y Laar, el empleado de correos, me entrega un telegrama. Lord Milton Moltimore me cita en su residencia de Londres. El texto de la misiva despierta mi curiosidad.

Me encamino al estudio para recoger mi equipo. En la caja fuerte escondida detrás del retrato de Hellen tengo el dinero. Cojo la linterna y muevo la figura del ángel y el demonio, con lo que se abre el pasadizo hacia la biblioteca secreta. Enciendo la linterna y entro por la chimenea hacia el pasaje a lo desconocido.

Bajo por la escalera de caracol y en la biblioteca sin nombre cojo mi maletín que contiene el catalejo, la moneda Iuramentum y el libro Tenebrarum, herramientas imprescindibles para mi tarea.

Regreso al vestíbulo y cojo del perchero mi bastón, la capa y el sombrero, los cuales me pongo. Antes de abandonar mi hogar hecho un vistazo al espejo del tiempo, donde extrañas visiones de ratas y sangre se entremezclan con la realidad. Salgo a la calle y emprendo el viaje hacia Inglaterra.

En el puerto de Londres un viejo marinero toca la harmónica y sus sonidos se entremezclan con los de un barco a vapor que se pierde entre jirones de húmeda niebla. Un carruaje me espera para facilitar mis desplazamientos por la ciudad. Subo a él y ordeno al cochero dirigirse a la mansión de Lord Moltimore, en el treinta y tres de Keppel street.

Una verja abierta rodea la mansión. Me dirijo al porche de la casa y toco el timbre de la puerta. Un fuerte ruido de cristales rotos suena en la parte trasera de la mansión; al mismo tiempo unos ladridos de perro se escuchan y la sombra de una figura se adivina saltando las rejas.

Corro hacia la fachada posterior de la mansión y encuentro los cuerpos de dos perros que yacen muertos. El cristal de una ventana de la planta superior está roto. Examino la verja y encuentro un barrote suelto, lo guardo, puede que sea útil más adelante. Por el hueco que ha dejado la verja me introduzco y llego a Torrington square.

Una vez en Torrington square me introduzco por la boca de la alcantarilla. La oscuridad y un intenso olor a excrementos me invade. Enciendo la linterna y examino el techo. Las visiones del espejo del tiempo inundan mi mente… ratas… sangre…

Unas huellas marcadas con sangre me indican la dirección a seguir y me llevan por un ramal del alcantarillado que tiene salida en la parte superior, subo y me encuentro en Charlotte street.

Siento un zarpazo, mi sombrero sale despedido de mi cabeza y un intenso dolor me invade, pierdo el conocimiento. Entre delirios y sueños me despierto en el hospital donde el doctor me informa de que me puedo ir, pero conservando el vendaje que me han puesto.

Cojo todas mis pertenencias, a excepción del sombrero, que perdí cuando me agredieron. Leo el periódico y descubro con horror que Lord Milton ha sido asesinado. Me pongo la capa y el monóculo y salgo de la habitación.

Un carruaje me espera. Le indico la dirección del hotel y me lleva hasta allí. Entro en la habitación y cojo el botellín de whisky. Regreso al carruaje y ordeno que me lleven al puerto.

En el puerto hablo con el marinero, le doy la botella de whisky, vuelvo a interrogarle sin obtener respuesta y subo al carruaje, una voz me saluda. Es Sherlock Holmes, oculto detrás del disfraz de marinero, quien me habla y cita en el Elegant Hat Club.

Otra vez de paseo con el carruaje, en esta ocasión con dirección a la mansión de Lord Milton. Una vez en la entrada un agente me prohíbe el paso, pero tengo que entrar a toda costa. Tomo rumbo a Torrington square y por el hueco que quedó en la verja me introduzco y llego a la parte trasera de la mansión.

Subo por la hiedra con cuidado de no caerme y no alertar a los agentes en la entrada principal, y llego al estudio de la mansión.

Una fastuosa habitación, adornada con numerosos trofeos de correrías por África. Y el trofeo de un despiadado cazador en el centro de la habitación: el cadáver de Lord Milton.

Hay que ser rápidos. Examino el cadáver y la alfombra, la cual aprecio que han desplazado de su sitio original. Muevo el cadáver y la alfombra y encuentro un trozo de abrigo con el bolsillo intacto. Guardo unas llaves que se encuentran en él y registro el cadáver minuciosamente. El examen da sus frutos y encuentro un ticket perteneciente a la tintorería Coggin’s. Bajo por la hiedra y salgo del recinto de la mansión. Desde Torrington street regreso a la entrada de la mansión y subo al carruaje que me espera.

La curiosidad por saber a qué pertenece el ticket me hace dirigirme a la tintorería. Un breve viaje escuchando el traquetear de las ruedas y el casco de los caballos golpeando el empedrado me lleva a Shaftesbury avenue, la dirección de la tintorería. Entro y saludo a una joven que hay detrás del mostrador, me solicita el ticket el cual doy y a cambio recibo un traje de etiqueta. Lo examino pero no encuentro nada de interés en él.

De vuelta al carruaje me dirijo al British Museum, hay una interesante exposición de arte egipcio antiguo. Un impresionante cofre bellamente adornado preside la sala. Está abierto. Entablo una conversación con Sir Shapland sobre la maldición del cofre y nuestro amigo común Lord Milton y se marcha a hablar con un visitante. Examino el cofre y veo un jeroglífico que no me cuesta descifrar, solo hay que leerlo al revés: “Anubis castigará a los no merecedores de su piedad”. Enigmático. Espero un poco y el vigilante se marcha a una sala contigua. Abro un sarcófago, me introduzco en su interior y lo cierro. Al poco tiempo de esperar escucho pasos y una conversación que mantienen el vigilante con el director del museo: le da a aquél la noche libre.

Una vez que el vigilante se marcha, salgo del sarcófago y del museo. Las cuatro suenan en el reloj del Big Ben y el British cierra sus puertas al público.

Tenemos que recuperar el sombrero. Voy hacia el oeste y llego a Charlotte street, el lugar en el que me agredieron. Abro la tapa de alcantarilla con el barrote y bajo. Con la luz de la linterna alumbrando las bóvedas del alcantarillado encuentro mi sombrero, el cual cojo y me pongo.

Salgo de la alcantarilla, me visto con el elegante traje de etiqueta y me subo al carruaje rumbo a mi entrevista con Holmes en el Elegant Hat Club.

Una vez en la entrada del club hablo con el portero el cual me deja pasar gentilmente. Sherlock lee el Times acomodado en un sillón y hacia él voy. Me ha citado con Alfred Ganderton en la opera. Me facilita una entrada y me comenta el miedo de Alfred a frecuentar lugares solitarios. Es hora de disfrutar de una velada musical.

Mi obediente cochero me lleva hasta The Royal Opera House en Covent Garden. Entrego la entrada al portero y franqueo la entrada. Fausto vende su alma. Alguien entra en mi palco, le pregunto si es Mr. Ganderton y me dice que no, su nombre es Turner Berriman, abogado. Se lamenta ya que el palco está lejos del escenario y no lo ve bien.

Abro el maletín y cojo el catalejo del interior, se lo doy a Turner. Después de mantener un cruce de palabras con él le pregunto si conoce a Mr. Ganderton. Me dice que sí, que él le dio la entrada para asistir a la ópera en el Pipe Cesar Club. Ya tengo destino.

En el pipe, como indica su nombre, necesito entrar fumando en pipa. Necesito una. Me encamino al Elegant Hat Club y en el lugar donde me entrevisté con Holmes se encuentra su pipa. La recojo y me dirijo a Waterloo, al lugar donde se encuentra el Pipe Cigar Club. Entro. Una densa nube de humo, cual neblina londinense hace que la habitación parezca un pequeño Londres encerrado en una sala. Un hombre fuma nervioso. Hablo con él, es Alfred Ganderton. Está muy asustado, me cuenta una increíble historia sobre el cetro de Anubis y Sir Shapland. Me hace entrega de la copia de las llaves del museo, espero que de la media noche, y con ellas me dirijo allí.

Abro la puerta del museo con las llaves y entro. Me encuentro a Lord Shapland convertido en el enviado de Anubis. Mantenemos una conversación en egipcio:

  • ¡Deténgase, Dr. Shapland.
  • Su curiosidad ha ido demasiado lejos, Dr. Van Halen.
  • ¡Levantaos mis fieles! Grita el enviado.

Las momias se acercan a mi peligrosamente. Tiro de la alfombra del suelo con fuerza y el enviado cae estrepitosamente. El cetro salta de sus manos y llega a las mías, lo golpeo contra el suelo y el enviado de Anubis desaparece envuelto en llamas.

El enfrentamiento con las fuerzas sobrenaturales ha terminado. He vuelto a someterlas. El Dr. Shapland llora con rabia, sus ansias de ser un Dios han quedado disueltas junto a sus lágrimas. Los agentes de Scotland Yard entran por la puerta y se llevan al doctor detenido.

Mi amigo Sherlock hace acto de presencia, como supervisando todos los hechos. Guardo el cetro en el cofre y me lo llevo conmigo. Necesito un descanso, los últimos días han sido muy duros. Voy al hotel en mi carruaje y duermo toda la noche tranquilamente en mi habitación.

El día siguiente es día de viaje. Voy al puerto, mi barco sale con destino al hogar. Entro en mi casa y al llegar al estudio una voz tenebrosa susurra: “… espero que le gustasen los planos de la mansión, Dr. Van Halen.”

Descarga el mapa de la aventura: mapa_anubis.zip

Los Extraordinarios Casos del Dr. Van Halen: TRISTES ALAS DEL DESTINO

Portada Tristes Alas del Destino

Título Los Extraordinarios Casos del Dr. Van Halen: Tristes Alas del Destino
Género Aventura Conversacional
Año 2005
Máquina ZX Spectrum 48K
Jugadores 1 Jugador
Compañía J.C.C.
Autores Josep Coletas Caubet

Ya no sé si es sueño o realidad, si mi sensatez se torna en locura, si las voces que escucho son reales o si mi razón me abandona poco a poco, al igual que me dejó Hellen, solo, sin rumbo en mi vida… Los planos de la mansión, una voz sacude mis sentidos.

Un día lluvioso en Brujas, típico de esta estación del año. Me dirijo a mi casa de Vlaming straat, abro la puerta y entro. La cierro para que el frío y la lluvia no inunden el vestíbulo y me encamino a mi estudio.

Un relámpago, producto de la tormenta que sacude el exterior, ilumina una espectral figura. Me conmina a seguirla a través de la estantería. Cojo la linterna y empujo la figura del ángel y el demonio que abre el camino secreto hacia la biblioteca. Entro por la abertura que ha dejado la chimenea y enciendo la linterna, que deshace en jirones la oscuridad a mi alrededor. Bajo por la escalera de caracol para entrar en la biblioteca sin nombre.

Cientos de libros recorren las paredes, sus lomos parecen un enorme teclado de piano que no tiene fin. El cofre de Anubis refresca mis recuerdos sobre el anterior caso que resolví, no deberá abrirse jamás. El fantasma me espera y se dirige a mi con una voz de ultratumba y una expresión que no presagia nada bueno.

Después de escuchar la tenebrosa historia por boca del espectro empiezo a entender un poco más la locura que me rodea, la razón de la existencia del espejo del tiempo, la pérdida de Hellen…

Una nueva misión se abre ante mi, el fantasma me urge a cumplir un cometido en Venecia, donde habita su hermana Rosalind y me da esperanzas para recuperar a mi amada. Esto último por si solo me daría fuerzas para cruzar un océano tras otro a nado.

Cojo mi maletín y vuelvo al estudio donde, en la caja fuerte tras el cuadro, está el dinero guardado. Lo cojo ya que necesitaré divisas para los gastos en el viaje. Aunque no es necesario para continuar, la tentación me vence y subo a echar un vistazo al espejo del tiempo. Una bella ciudad a orillas del mar aparece ¿será Venecia, mi destino?

Retorno al vestíbulo y salgo a la calle para viajar rumbo a la bella ciudad italiana, viva muestra del renacentismo. En ella pasan los gélidos días previos a la entrada de la primavera, mientras las noches se suceden paseando por sus canales y admirando el Adriático y a la gente con sus disfraces de carnaval. No se nada de Hellen, no se nada del diablo…

Desde la ventana de mi habitación admiro la luna que ilumina los bellos ríos de agua. Salgo de mi dormitorio y recorro el largo pasillo hasta la escalera que baja hacia la recepción. En ella el dueño de la pensión dormita sobre el mostrador, es evidente que no tiene la misma resistencia al sueño que yo… o es poseedor una conciencia más tranquila.

Salgo de la pensión y bajo la luz de la luna me dirijo hacia el este, cruzando el puente dell’ Abbazia y luego hacia el sur, llegando al puente di Rialto. En él encuentro una soga, la guardo ya que me puede ser útil más adelante, y veo a una pareja que se hospeda conmigo en la pensión mantener una conversación entre enamorados. Continúo hacia el oeste y luego al sur y llego a la iglesia gótica de los Frari. Una vieja mujer ora en sepulcral silencio que oso interrumpir. “Tráigame una posesión de ella y le descubriré esas sendas, extranjero”. Cojo un crucifijo del altar y observo un atril vacío. La puerta de la sacristía está cerrada con llave, quizá más adelante pueda abrirla.

Salgo en dirección sur de nuevo y tras pasar el palazzo Balbi y girar al este llego a la Gallerie dell’ Accademia. Estoy echando de menos un carruaje que me traslade por la ciudad, pero en Venecia, con los canales, sería más apropiado una góndola. Tendré que seguir caminado.

Unas estatuas engalanadas con ocasión de los carnavales flanquean la entrada de la Accademia. Una de ellas lleva un antifaz puesto que pasa a ser de mi propiedad, me lo pongo. Al intentar entrar el portero me pide la entrada, por el momento no la poseo. Dirijo mis pasos al norte y tras callejear un poco y girar a la derecha llego a la plaza de San Marcos.

La plaza está repleta de personas celebrando el carnaval con un animado baile. El anonimato que proporcionan las máscaras hacen que la gente pierda la vergüenza. Una misteriosa dama me pide un baile, menciona a Hellen…

Termina el baile y la mujer se dirige al palacio Ducal, abre la puerta y entra. La sigo. El esplendor del Palazzo Ducale me fascina. Mi enigmática dama ha desaparecido de mi vista, camino al este del palacio cruzo el puente de los suspiros y llego a la prisión, repleta de mazmorras tenebrosas. Al fondo, entre las luces y sombras retorcidas que crean una multitud de velas alineadas junto a las paredes, veo la silueta de mi amada Hellen. Tanto tiempo esperando este momento…

Hablo con ella, pero rápidamente descubro el engaño. Unas alas se despliegan desde su espalda y su verdadera identidad sale a la luz: Una vez se llamó Rosalind, ahora es Luzibel. Tengo que terminar con ella y liberarla de esta pesadilla.

Mostrando el crucifijo gano algo de tiempo, pulso el botón de mi bastón y la cuchilla emite un sonido mecánico al salir. Se lo lanzo a la vampiresa y la cuchilla atraviesa su corazón. Los restos de su cuerpo, convertidos en cenizas, caen a la par que escucho un tintineo metálico de algo que golpea el frío suelo. Cojo el bastón y la cadena, la miro atentamente y descubro horrorizado que perteneció a Hellen.

La noche ha sido muy dura, pero creo que esto no ha hecho más que empezar…

Regreso a la iglesia, quiero, necesito saber algo de Hellen por boca de la anciana. Le entrego la cadena y agarrándola con sus ajadas manos la aprieta y cerrando sus ojos me dice: “Busque la Flor del Ocaso, la dama de la noche desvelará su secreto”.

Cada vez que creo ver la luz, un enigma se va abriendo paso tras otro y vuelve a oscurecer mi futuro.

Regreso a mi habitación en la pensión, abro la ventana y salgo por ella a la cornisa. Me desplazo con cuidado de no caer al vacío y me cuelo a la habitación colindante. Encuentro una invitación. Vuelvo a salir por la ventana y regreso a mi habitación por la cornisa. Entro y cierro la ventana.

Guío mis pasos de nuevo en dirección a la Gallerie dell’ Accademia y le doy la invitación al portero, quien me deja el paso franco para entrar. Una vez dentro una bella colección de arte pictórico se extiende ante mis ojos. Bellos cuadros de arte veneciano de artistas que vivieron entre los siglos XIV y XVIII.

Pregunto al guía, vestido con atuendo religioso, por la “dama de la noche”. Con una mirada sombría me dice que le siga y abre una puerta. Entro, es el almacén. Está repleto de cuadros tapados por lonas, restos de colección guardados para mejores ocasiones. El guía me relata una leyenda en la que me veo reflejado, como si alguien hubiera escrito una novela de la que soy protagonista. Cojo el cuadro y entre frases de buenos deseos del guía me encamino a la iglesia de nuevo.

Una vez en el sagrado edificio coloco el cuadro en el atril vacío. A la luz de la luna el cuadro se transforma, dejando ver unos trazos antiguos.

El cuadro oculta un mapa bajo la imagen de la dama. En él, además de un plano, hay escrita la palabra “Iuramentum”, el nombre de mi moneda, una pista inequívoca sobre lo que tengo que hacer.

Me encamino hacia el campo dell’ Abbazia. Recuerdo haber visto un poco en uno de mis paseos por la ciudad. Ato la soga a la argolla y desciendo por la cuerda con sumo cuidado. La oscuridad invade el lugar y noto el agua fría mojando mis piernas hasta las rodillas. Enciendo la linterna y me encuentro en una laguna subterránea. No tengo más alternativas que volver sobre mis pasos trepando por la cuerda o dirigirme a lo que supongo es el sur, a visitar territorio inexplorado. Camino lentamente, iluminado por la luz de mi linterna y deseando que no se agote su combustible.

Después de un tiempo caminando por grutas el camino gira bruscamente hacia el oeste. Tengo la sensación de que me guían como un cordero al matadero. Estoy en las grutas debajo de la ciudad de Venecia. El silencio se quiebra con el sonido de gotas de agua golpeando el suelo. Sombras en movimiento se escabullen por doquier. El intenso frío hiela mis huesos.

Sigo rumbo oeste y me introduzco de lleno en las antiguas catacumbas, un inmenso laberinto. Siento como si las cuencas vacías de las calaveras se clavaran en mi. Cientos de años me observan desde las paredes. Examino el techo y aprecio una losa. La empujo y un hueco se abre. Me introduzco por él y aparezco en la sacristía de la iglesia. Encuentro un cáliz y una llave, que me guardo. Utilizo la llave para abrir la puerta y salir. Lleno el cáliz con agua bendita, regreso a la sacristía y por el agujero en el suelo regreso a las catacumbas.

Mi instinto me hace dirigirme al sur, lanzo la moneda Iuramentum y desaparece con un parpadeo. En su lugar se encuentra una puerta con un extraño signo grabado en ella. Consulto su significado en el “Tenebrarum” y este me desvela que es un símbolo del príncipe de las tinieblas. Lanzo agua bendita contra el signo, que desaparece tras una nube de humo. Abro la puerta y, haciendo acopio de valentía, entro.

Un húmedo sótano repleto de ataúdes, abiertos y cerrados, me recibe. En lo alto de una escalera hay una puerta cerrada. Abro los ataúdes y los examino, están vacíos. De repente, sin saber como, la puerta del sótano se abre, aunque no hay nadie bajo su marco.

Ante la invitación que me ofrece la puerta abierta, subo por la escalera y me encuentro en el interior del palazzo Balbi. La puerta principal está cerrada. El lujo es propio de épocas pasada. Una escalera lleva a la planta superior, subo por ella.

Hellen está allí, junto a Drácula. Un ejército de vampiros me rodea mientras el no-muerto acaricia a mi amada. Drácula saca mi moneda y me reta a un macabro juego. Elijo cara, y pierdo. El príncipe de las tinieblas desaparece con mi amada, los vampiros se abalanzan a por mi, en un rápido movimiento les muestro el crucifijo y se transforman en una bandada de murciélagos volando por encima de la ciudad de Venecia. Es hora de volver a casa.

Cojo la moneda y bajo a la planta principal del palacio Balbi y salgo a la calle. Camino hacia el norte y, tras pasar la iglesia, llego a las puertas de la pensión desde donde viajo de vuelta a Bélgica.

Unos niños juguetean a la puerta de mi casa, en Vlaming straat. Abro la puerta y entro al vestíbulo. Subo a la primera planta y me dirijo al espejo del tiempo. Sin pensarlo dos veces lo rompo en mil pedazos. Nadie se verá envuelto en maldiciones por su culpa.

Descarga el mapa de la aventura: mapa_tristesalas.zip


Miguel A. García Prada
Enero 2006
MagazineZX #13